Con tan solo una sonrisa.

 

     Ya llevaba alrededor de diez minutos mirándome al espejo. Lo intentaba. Prometo que lo intentaba con todas mis fuerzas. Pero no podía conseguir ver ese cuerpo tan bonito que él decía que yo tenía. Pasaban los minutos, y cada vez notaba más la impaciencia de las lágrimas. No, no quería. Simplemente, no quería volver a parecer débil, así es que me froté los ojos y me puse la camiseta de nuevo, alejándome de mi mayor enemigo, al que la gente sin problemas suele llamar espejo.

     Para no darle más vueltas salí a la calle, pero creo que no fue muy buena idea. Todas las chicas tenían un cuerpo perfecto. Eran delgadas, y, ¡Cómo no!-, con muchísimas curvas. Volví a casa y cogí una revista. Más de lo mismo: chicas esqueléticas y con más bótox que propia carne. O eras así, siguiendo los cánones de belleza impuestos por la moda, o te criticaban –te critican- por tener unos kilos de más, que realmente, no hacen daño a nadie. O simplemente por estar plana. Parece que hoy en día para llegar a ser algo solo cuentan las tetas y el culo; tener una nariz simétricamente perfecta, y saber maquillarte de la manera en la que lo hacen las famosas. ¿Y por qué?

     ¿Por qué mi cuerpo le importa tanto a la gente? Si es mío, ¿Qué más da sentarse y tener michelines? ¿Y qué pasa si estoy plana? Debería haber respecto al peso, y, únicamente, con relación a la salud de uno mismo. Tardé en verlo, pero era absurdo a llorar frente al espejo (tal vez, mejor tarde que nunca). Mi cuerpo era bonito así como era, y lo sigue siendo. La gente suele comparar cuerpos, cuando no son comparables, ya que cada uno es como es, y, al fin y al cabo, eso no se puede cambiar.

     Chicas, quereos, porque, si no lo hacéis vosotras, ¿Quién va a hacerlo? Vais a convivir con él toda la vida. Deberíais empezar a llevaros bien. No hagáis caso a la gente que os critique, aun teniendo estrías, aun siendo la vuestra una estatura que no corresponde a la media, aunque vuestros ojos no deslumbren –como los azules- o aunque penséis que vuestra sonrisa no es la más bonita del mundo. Habrá alguna persona a la que, con tan solo una sonrisa, harás feliz. Eso es verdaderamente lo importante: no dejar de sonreír. Nunca sabes a quién vas a poder alegrar haciéndolo. Y recordad: nadie es perfecto. Pero las imperfecciones de cada uno nos hacen únicos y especiales. No somos menos que nadie. Por favor, quereos.

                                                                                                                                                                                          

One Reply to “Con tan solo una sonrisa.”

  1. Loli Antón Coll dice: Responder

    Verónica tiene una admirable habilidad para dar forma literaria a los más acuciantes problemas de nuestros jóvenes que, por desgracia, siguen persistiendo en muchos adultos. Ojalá sus escritos sensibilicen a los lectores sobre la necesidad de fomentar la afectividad, carencia que germina fácilmente con sólidos brotes patológicos.

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