(Nuevas) Tecnologías

Los ciudadanos, la gente que se dice ahora, suelen adoptar posturas encontradas frente a los avances tecnológicos. Usando la terminología de Umberto Eco sobre los medios de comunicación, podríamos hablar de apocalípticos e integrados.

Para los apocalípticos, la tecnología está en el origen de todos los males de la Humanidad. Para los integrados es la solución a todos esos males. Difícil resulta encontrar posturas intermedias.

El Diccionario de la Lengua Española de Real Academia Española define Tecnología (en su cuarta acepción) como

Conjunto de los instrumentos y procedimientos industriales de un determinado sector o producto.

Y si buscamos industria veremos que las dos primeras acepciones son:

1. Maña y destreza o artificio para hacer algo.
2. Conjunto de operaciones materiales ejecutadas para la obtención, transformación o transporte de uno o varios productos naturales.

Si unimos ambos significados, vemos que la Tecnología abarca un inmenso número de procesos que transforman los productos naturales para hacerlos más útiles, agradables o cómodos para los seres humanos.

El fuego, las herramientas de piedra, la agricultura, la ganadería no dejan de ser avances tecnológicos. Y no son precisamente recientes. Hablamos del Paleolítico y el Neolítico. La Tecnología nos ha acompañado desde nuestros orígenes.

Quienes hoy en día rechazan los libros digitales y se aferran a las publicaciones en papel parecen olvidar que la imprenta revolucionó en el siglo XV la Tecnología de edición de libros acercando la cultura a las masas. Para muchos, la imprenta fue un invento del demonio. Y leyendo ciertas publicaciones parece que no les faltaba algo de razón. Sin embargo, hoy en día no se concebiría un mundo sin libros accesibles para todos.

La revolución industrial –la primera– transformó entre los siglos XVIII y XIX la sociedad, las relaciones laborales, la economía. Dejó en el paro a miles de trabajadores que no pudieron o no supieron adaptarse a las nuevas circunstancias. Creó nuevos puestos de trabajo para los que era necesaria una cualificación inexistente antes de ese momento. Pero nos hizo avanzar y hoy en día sería impensable retroceder a los tiempos anteriores a dicha revolución. De hecho, la mayor parte de nosotros no sabría adaptarse a la vida de la primera mitad de siglo XVIII y perecería.

Toda nueva tecnología trae consigo cambios que pueden ser traumáticos a corto plazo, pero que resultan beneficiosos a medio y largo plazo. Es absurdo tratar de oponerse a dichos cambios. Lo más sensato es estar preparado para ellos.

El caso es que en estos momentos estamos inmersos en una nueva Revolución Tecnológica. De proporciones parecidas a la Revolución Industrial pero, y esta es la paradoja, más discreta. En los tiempos en que disponemos de un exceso de información, resulta chocante que la Revolución Digital esté produciéndose sin que prácticamente nos estemos dando cuenta.

Pero el caso es que esta nueva revolución, que sigue esquemas muy parecidos a las anteriores, va a transformar la sociedad y debemos estar preparados para que no nos arrastre el tsunami.

¿Cuáles son las claves de este cambio tecnológico? Estamos ya muy acostumbrados a la presencia de las nuevas tecnologías en nuestras vidas. Casi no somos capaces de concebir la vida sin internet o sin los teléfonos inteligentes, pero apenas nos hemos parado a pensar en que estas tecnologías están afectando y afectarán cada vez más a los empleos para los que debemos preparar o prepararnos.

En un plazo muy breve (no hablamos de décadas, sino de años) un robot podrá hacer el trabajo de un transportista por mucho menor coste. Los robots ya no tienen precios prohibitivos, no se ponen enfermos, no hacen huelga, no cobran un salario y son más eficientes que los seres humanos.

En San Francisco, Uber tiene ya una flota de setenta taxis sin conductor. Por las carreteras europeas están circulando camiones que tampoco tienen conductor. Los drones pueden repartir paquetería más rápidamente que un ser humano. Existen impresoras 3D capaces de construir una casa. Y en muy poco tiempo su precio será perfectamente asumible por una empresa de construcción.

En definitiva, buena parte de los empleos actuales corren peligro de desaparecer en los próximos años. Esos años en los que nuestros hijos o alumnos deberán comenzar a buscar trabajo.

La inteligencia artificial, la realidad virtual, la realidad aumentada o el internet de las cosas (IoT) van a transformar por completo las definiciones laborales. Y la fecha clave para todos esos cambios es, según los expertos, el 2020. Dentro de tres años.

Naturalmente, no llegará al mismo tiempo a todo el planeta. Quizá nuestro plazo, aquí en España, sea algo más largo, pero no mucho más.

Y si ya no van a ser necesarios la mayor parte de los trabajadores manuales ¿a qué se podrán dedicar nuestros hijos y alumnos? Es difícil decirlo, pero sí parece claro que las cualidades del trabajador del futuro serán aquellas que no pueda emular un sistema de inteligencia artificial o un robot. Básicamente, estas serán las virtudes del trabajador del futuro:

Creatividad. Un sistema de inteligencia artificial puede tomar decisiones. Pero todas ellas están basadas en respuestas a preguntas planteadas anteriormente. No es capaz, al menos de momento, de crear algo nuevo. Parece que esa habilidad sigue siendo cosa de humanos.

Adaptabilidad. Ya no se busca la eficiencia. Para eso están los robots. Lo que se espera de un humano es que sepa adaptarse a las condiciones cambiantes. Esas en las que un robot se atascaría. Se necesitan humanos que encuentren soluciones cuando las de manual no sirvan.

Inteligencia emocional. Empatía, capacidad de comunicar, calor humano, escucha activa. No parece que los robots vayan a ser capaces en el corto plazo de sustituir a la persona que escucha nuestros problemas y se pone en nuestro lugar. Y aquí igual podríamos estar hablando de un psicólogo que de un camarero.

Trabajo colaborativo. Los nuevos trabajadores deberán colaborar con otros trabajadores que pueden estar en diferentes partes del mundo pero con los que estarán interconectados por medio de diversas herramientas de comunicación. El nuevo trabajador debe ser capaz de entenderse con personas de diferentes nacionalidades, que hablan diferentes idiomas y que proceden de diferentes culturas.

Nuestra obligación como profesores es potenciar esas habilidades. Y como padres aceptar que la formación de nuestros hijos puede ir mucho más allá que el contenido de un libro de texto.

No es que el futuro vaya a ser diferente de cómo lo imaginábamos. Es que el presente ya lo es. Podemos aceptarlo y prepararnos o negarnos a creerlo y ser engullidos.

¿Qué decides tú?

© Nacho Sendón. 20 de febrero de 2017

4 respuestas a “(Nuevas) Tecnologías”

  1. Felicidades por la, tan bien acogida, gestación del blog.
    Te has explicado de maravilla: el tradicional “Renovarse o morir” ha dejado de ser una opción para convertirse en un deber.
    Me alegra comprobar que la Jefatura ha activado, más si cabe, tus lúcidas neuronas, que espero generen, en breve, alguno de esos originales textos literarios. ¡ Ahora tienes muchas fuentes de inspiración ¡

    1. Gracias, como siempre, por tus halagüeños comentarios. Solo espero que en esta nueva empresa participen muchas inteligencias. Cuento con la tuya.

      Respecto a los textos literarios, no sería este el lugar adecuado. Y quizá tampoco el tiempo. Tal vez cuando me jubile…

  2. Alejandro Caballero dice: Responder

    Sería muy fácil decir que la introducción de tecnología es buena y punto, pero, creo que (como en todo) debemos alejarnos de respuestas rápidas o de apariencia obvia (a priori) y mirar desde lejos el problema.

    Lo que aquí se plantea no es, en el fondo, una discusión acerca de si la tecnología per se es buena o mala, útil o contraproducente; partimos de la base de que ésta es, por definición (Según la RAE: Conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico) beneficiosa para el ser humano y el desarrollo de las sociedades. Negar esta última afirmación es un acto reaccionario.

    Lo que aquí se pone sobre la mesa son las repercusiones que tiene la implantación de ésta en el proceso de producción (y, en última instancia, en la sociedad). Sobre esta cuestión la respuesta ya no es tan instantánea como antes y, bajo mi opinión, tenemos que abordarla desde un punto de vista holístico, es decir, ver las condiciones bajo las que se va a implantar esta nueva tecnología.
    Como es sabido, todo desarrollo tecnológico en el ámbito de la industria se traduce en un aumento de la productividad, esto es, una mayor tasa de beneficio a igual o menor requerimiento de trabajo manual (empleo). Estos beneficios en la productividad han repercutido negativamente en los trabajadores históricamente (el tiempo de trabajo en el que un trabajador produce el equivalente a su salario, en relación al tiempo total de su jornada laboral (que no varía), disminuye (produce más plusvalía)). Esto es un fenómeno que se ha venido produciendo desde los albores de este sistema económico, pero ahora nos encontramos con una situación anómala. Hasta ahora, el capital variable (la mano de obra) siempre ha sido necesario para continuar el desarrollo normal de la producción, pero con la introducción de robots la mayoría de los trabajos podrán ser realizados íntegramente por capital fijo (los robots). Es decir, no será necesaria la presencia de trabajadores para el desarrollo de la producción.
    Es fácil predecir que ésto se traducirá en un aumento exorbitante de la tasa de desempleo.
    Y parece obvio que en cuanto esta tecnología esté disponible para su utilización su introducción será muy rápida, al final y al cabo estos “trabajadores” cuentan con grandes ventajas que ya has mencionado (no hacen huelga, son más eficientes….). Ésto tiene todas las papeletas de suponer uno de esos cambios traumáticos. Y, a juicio personal, no creo que este problema pueda resolverse únicamente con la creación de una clase trabajadora más especializada en los institutos y universidades. No se trata de un problema cualitativo, se trata de un problema cuantitativo.

    Creo que debemos analizar la situación en perspectiva antes de proclamar a voces y sin dudas los grandes beneficios que tiene la introducción de tecnología más y más avanzada.
    No digo que debamos adoptar posiciones ludistas y cargar contra el desarrollo tecnológico (como ya he dicho, es un pensamiento reaccionario) pero, quizás, tampoco debamos criminalizar a aquellos trabajadores que protesten o hagan huelgas (ahora que aún pueden) en contra de la introducción de nuevas tecnologías en sus centros de trabajo; tal vez tengan una parte de razón.

    1. El problema, Alejandro, es que esta nueva revolución llegará queramos nosotros o no. Si esperamos que los gobiernos impongan trabas a la sustitución de puestos de trabajo de seres humanos por robots, estamos apañados. Los gobiernos suelen reaccionar tarde y mal. La maquinara política es lentísima. Y si algo tiene esta disrupción digital es que es vertiginosa.

      No solo los trabajadores tienen derecho a declararse en huelga ante su previsible sustitución, es que, como tú dices, no les faltará una parte de razón. Pero esperar a que se les dé la razón nos puede llevar décadas.

      Cuando hablaba de tsunami, lo hacía porque eso es lo que es. Cuando nos llega uno de estos avisos de que la Naturaleza no es precisamente protectora, de nada nos sirve quejarnos de lo injusto de la situación. Corremos para ponernos a salvo. Y si hubiéramos podido predecirlo, lo sensato habría sido construir nuestra vivienda en un punto elevado y alejado de la costa. O sea, prevenir.

      Pues de eso se trata. La revolución digital llegará nos pongamos como nos pongamos, porque además, ya nos estamos acostumbrando a ella. Nos encantan nuestros teléfonos y televisiones inteligentes, que nuestros coches hagan funcionar las luces o los limpiaparabrisas o aparquen ellos solitos. Nos han dado un caramelo. A ver quién nos lo quita. Y cuando encontremos el sabor amargo que esconde, ya será tarde. Por eso digo que hay que estar preparados. Por eso y porque esa es la manera de aprovechar el potencial que, por otro lado, indudablemente tiene este cambio.

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