Lágrimas de vergüenza

¿Por qué no estabas triste? ¿Por qué no te consumía la pena? ¿Por qué no lloraban tus ojos? Debías llorar. Tenías que llorar. ¿Acaso no miraste a tu alrededor? ¿O es que no asimilaste bien tu entorno? Estabas en un tanatorio. Lugar de muerte y lágrimas. Sin embargo, ninguna salió de tus ojos. Debías estar llorando. Pero no, tus ojos permanecían secos, y tu mirada, perdida.

La gente, tu gente, tu familia… te miraba. Te observaba. Te analizaba. Te penetraba con cada ojeada. Y dudaba. Se estarían preguntando por qué no estabas llorando. Por qué no mostraba tu rostro, ni el más mínimo indicio de dolor, de pena, de nostalgia. Estoy segura. Sospechaban. Pero te sentías tan desorientada, que ni lo advertiste.

Debiste llorar la muerte de tu ser querido cuando aún era creíble. Ahora, ni tu misma sabes si las lágrimas que te recorren las mejillas son de pena, de arrepentimiento o de vergüenza. Ahora, de nada sirve que llores, pues aquí, la muerte se paga con muerte, y ya no hay lágrimas que te libren de este final. Así que cálmate. Serénate. Pronto volverás a ver a esa persona que siempre fue buena contigo y que tú mataste por dinero.

© del texto Miquel Ivorra. 2018

© de la imagen Nacho Sendón. 1980

One Reply to “Lágrimas de vergüenza”

  1. La síntesis narrativa, propia del microrrelato, y su sorprendente final justifican sobradamente la actualidad de este género que tanto ingenio precisa.
    Felicidades, Miquel, de “ingenio” a “genio” no hay más que un paso.

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