La homeopatía no es lo que dice ser. Capítulo V

Que trata de los inmensos beneficios del efecto placebo y los perjuicios de su colega, el efecto nocebo.

 

Hace unos años, daba yo clase de Ámbito Científico en el Programa de Diversificación Curricular (PDC) de 4º de ESO. El currículo, bastante flexible, incluía ciertas nociones de Astronomía diurna y me pareció que sería sensato comenzar explicando que no es lo mismo Astronomía que Astrología.

A veces pensamos que estas cosas son de sentido común y que cualquiera las puede entender, pero no es así. En 1979 se celebraron las primeras elecciones generales tras la aprobación de la Constitución de 1978. En aquel momento solo existía la televisión pública, lo que ahora son La 1 y La 2 y antes eran “la tele” (así, sin más) y el UHF (que no llegaba a todas las ciudades y pueblos de España). Pues bien, “la tele” organizó una fiesta con diferentes invitados que servía para esperar la publicación de los primeros resultados. Uno de esos invitados era un astrónomo del CSIC y la periodista encargada de entrevistar a los personajes congregados, le espetó al astrónomo: “Usted que es astrólogo, háganos una predicción. ¿Qué partido ganará las elecciones?” El hombre intentó explicarle que él no era astrólogo, sino astrónomo. Incluso le explicó breve y superficialmente en qué consistía su trabajo. La periodista, pertinaz como la sequía, insistió en tratarlo como astrólogo y pedirle una predicción. No recuerdo cuál fue la réplica del astrónomo ni quién fue la periodista. Pero sí que no era una recién licenciada.

Sea como sea, en aquel tiempo del PDC se me ocurrió hacer un experimento. Entregué a cada alumno del grupo una hoja con la descripción de las características principales de los nacidos bajo su signo del Zodiaco. Les pedí que la leyeran en silencio y sin comentar nada entre ellos. Luego pedí que levantaran la mano los que se vieran retratados al cien por cien en aquellas descripciones. Todos levantaron la mano. ¿Tan exitosa es la Astrología en sus predicciones? No puede ser ¿verdad? El caso es que pedí a uno de los alumnos que leyera en voz alta lo que decía su hoja. El alumno comenzó a leer y todos se miraron sorprendidos. El contenido de las hojas lo había redactado yo sin consultar mapas astrales, ni posos de café ni vuelos de golondrinas. Además, era exactamente el mismo para todos los signos del Zodiaco.

¿Cómo es posible que aquellos alumnos tan dispares se vieran reconocidos en exactamente las mismas descripciones? Primero porque se trataba de afirmaciones muy genéricas. Segundo porque la mayor parte de las características eran virtudes y los defectos no eran sino virtudes en exceso. Yo no soy terco como una mula o cabezón. Soy demasiado tenaz y comprometido con lo que hago. ¿Ven qué fácil?

Bueno, pues eso es el efecto placebo. No lo practican solo los homeópatas. Lo ponen en práctica muchos médicos sensatos. La diferencia es que estos últimos no te recetan remedios caros ni te prometen que te van a curar enfermedades graves ni se inventan un sistema místico de curación.

Los homeópatas escuchan al paciente. ¡Bien hecho! Prestan atención y dan importancia a todo lo que este dice. Le explican eso de que no existen enfermedades, sino enfermos y le dicen que le van a indicar un tratamiento específico para él. Pero luego le recetan un remedio de Boiron, el mismo para todos los enfermos que tienen la misma enfermedad. ¿Tiene usted gripe? Yo le escucho, le atiendo, le hago saber que es usted único e irrepetible y luego le receto oscillococcinum que es el producto homeopático de Boiron para todos los enfermos que tienen la misma enfermedad: gripe.

El caso es que usted sale de la consulta pensando que por fin alguien le ha hecho caso. Y aunque la gripe no se cura, mejor dicho, la cura su propio organismo, usted se siente mejor y parte de sus síntomas desaparecen o, mejor dicho, deja usted de prestarles atención. Pero si se hace usted un análisis de sangre, verá que tiene los monocitos disparados. Es su cuerpo y no el oscillococcinum el que está actuando.

Pero es su mente la que le dice que todo va bien y deja de preocuparse tanto por los síntomas. Hasta el punto de que, aunque sigue usted teniendo fiebre, apenas la nota. Es el efecto placebo.

Y solo de pasada, le diré que si usted piensa que tiene una enfermedad, aunque no sea cierto, notará sus síntomas. Es el efecto nocebo. Es el efecto que hace que los hipocondríacos sientan todo tipo de síntomas imaginarios.

Naturalmente, el efecto placebo solo es útil en dolencias leves. Aquellas que se curarán solas o cuyos síntomas se verán aliviados dándoles un plazo suficiente. No se crea, son muchísimas. Además, hay enfermedades recurrentes. Cada cierto tiempo nos dan la lata y luego nos dejan descansar una temporada. El herpes o las hernias discales son dos buenos ejemplos. Quien tiene herpes o hernia discal los tiene para siempre (a menos que se someta a cirugía en el caso de la hernia), pero eso no quiere decir que siempre esté sufriendo sus síntomas. Pero si tiene usted politraumatismo por accidente de coche tras ser atropellado por un Ford Mondeo azul, el efecto placebo no lo curará. Si no sabe de qué le hablo, no deje de ver esta parodia sobre un “hospital alternativo”

Algunas personas piensan que el efecto placebo no puede manifestarse en niños o animales. Pero eso no es cierto. Los niños necesitan sentir nuestra confianza porque ellos no saben que se van a curar, piensan que ese dolor o esa molestia que sienten va a durar siempre. Si nosotros confiamos en que se va a curar (solemos hacerlo) y le transmitimos el mensaje de que el dolor se pasará, el niño dejará de preocuparse. Y lo crea o no, eso funciona incluso con recién nacidos. Siempre, claro está, que no tengan nada grave. Cuando mecemos a un niño y le decimos “Ea, ea, ea” estamos intentando “curar” su insomnio. ¡Y funciona!

Y lo mismo ocurre con las mascotas. Si les damos una pastilla de azúcar, pero nosotros confiamos en que eso les mejorará, dejaremos de prestar atención a sus síntomas y, aunque el gato o el perro no mejore, nosotros creeremos que sí. El efecto placebo funciona sobre nosotros, no sobre nuestros animales domésticos.

Y si el efecto placebo funciona tan bien ¿Por qué no se aplica más? En realidad, el efecto placebo se aplica abundantemente en hospitales y consultas de atención primaria. Pero dejaría de funcionar si se dijera abiertamente. ¿Se imagina? “Mire, usted no tiene nada que yo pueda curar. Lo que tiene se curará por sí mismo en un par de semanas. Pero tómese esta pastillita blanca cada ocho horas. No le hará nada pero usted creerá que sí”

Entonces, ¿dónde está el problema con la homeopatía? Para empezar, la homeopatía es cara para lo que hace (“cómprame por lo que soy y véndeme por lo que digo ser”). Ademas es peligrosa cuando el homeópata se crece, se cree que puede curar enfermedades graves y el paciente abandona los tratamientos que podrían salvar su vida. Y algo que, sin ser lo más grave, a mí me preocupa enormemente es ese sistema, mitad mística, mitad ciencia que hace que muchísimas personas desconfíen de la Ciencia auténtica.

La Ciencia no es perfecta, pero es la mejor herramienta que tenemos hoy en día para entender el Universo. Aquellos que desprecian la Ciencia, están usándola continuamente. Quizá sin saberlo. Peor aún si lo saben. Son como esos niños mimados que despotrican contra sus padres, pero no rechazan el dinero que estos le dan.

Si está usted leyendo estas cosas que escribo es porque la Ciencia y su aplicación, la Tecnología, han creado este complejo y utilísimo mundo de internet. Si usted puede viajar a ciudades lejanas es porque existen aviones, trenes o coches. Todo ello inventos basados en el desarrollo científico. Y, no lo dude, si tiene usted más de treinta años y todavía esta vivo es por los avances de la Medicina, la Nutrición y la Tecnología. Pues bien, todo eso se viene abajo en las mentes poco formadas de nuestros alumnos cuando escuchan los mensajes de los homeópatas, los grupos antivacuna, los antitransgénicos, etc. Y eso le hace un daño enorme a la sociedad. Hace que se retrase su avance, cuando no la hace retroceder.

Además, de eso, me parece que los médicos, los auténticos, los alópatas que dicen ellos, se merecen nuestro respeto y nuestra gratitud. Desde que nacemos nos están cuidando, prolongan nuestras vidas y las hacen más placenteras. Los homeópatas no aportan nada de todo eso y le roban credibilidad a los auténticos profesionales de la Medicina. Yo no lo soy. Solo soy un profesor de secundaria. Pero nunca me ha gustado echarle la culpa a quien no la tiene, ni negarle méritos a quien se los merece. Y los médicos y los científicos se los merecen.

Y de eso tratará el séptimo y último capítulo de esta serie.

© Nacho Sendón. Alicante, 14 de agosto de 2017

3 Replies to “La homeopatía no es lo que dice ser. Capítulo V

Que trata de los inmensos beneficios del efecto placebo y los perjuicios de su colega, el efecto nocebo.

  1. A mí también me gusta hacer “experimentos” con los alumnos, de quienes admiro, sobre todo, su espontánea capacidad para vivir el presente, frente a la planificada vida, orientada hacia el futuro, que muchos vivimos en esa etapa.
    Creo que todos necesitamos la confirmación exterior de que merecemos existir, por ello recibimos con placer el consuelo, las alabanzas – que, a veces exagerando nuestras virtudes, solemos recibir con orgullo – y las prescripciones que, con cariño, rubrican nuestros seres queridos. En cambio, nuestra acientífica sociedad del siglo XXI sigue considerando tabú el tratamiento del tema del dolor – tanto físico como psíquico – cuando es consustancial a la vida, y del daño, manejo personal del dolor.
    Saber discernir quién se halla en condiciones de tratarlo requiere un bagaje de conocimientos que nos habiliten para distinguir lo que se puede llegar a saber – eliminando el miedo – de lo que no sabremos nunca – ahorrándonos dolor. Por ello eximo a los adolescentes de su ingenuidad, pues mana de una personalidad “que adolece” todavía de mucha experiencia teórica y práctica para sortear los vaivenes de la vida, pero no doy con la justificación de la fe en esa “pseudociencia” por parte de profesionales de indiscutida competencia académica.

  2. Creemos que es importante difundir la evidencia que se va recopilando en investigación homeopática, y ayudar a la comunidad a comprender que la Homeopatía es una ciencia con fundamentos claros y brindar para eso pruebas objetivables sobre los efectos de los medicamentos homeopáticos, su principio de actividad terapeutica, la efectividad clínica, y las investigaciones patogenéticas, entre otras…./…
    Queremos difundir este artículo del Dr. Marcus Zulian Teixeira, donde nos lista y describe las mas recientes investigaciones y evidencias en Homeopatía y sus correspondientes links a cada uno de los artículos originales, algunos de los cuales fueron escritos por él mismo.

    El Dr. Marcus Zulián Teixeira es Médico Homeópata e Ingeniero Agrónomo y posee una vasta trayectoria en investigación y estudio de diversas disciplinas, así como la autoría de numerosos libros y artículos sobre Homeopatía, algunos de los cuales estan disponibles generosamente en su página web http://www.homeozulian.med.br/.
    Agradecemos al Dr. Eduardo Bitis haber proporcionado la traducción del artículo original en portugués para así facilitar la llegada a todos los colegas de habla hispana.
    Esperamos que sea de su interés. Quedan habilitados los comentarios al final de esta publicación.
    Dra. Trinidad Mariano Directora de El Simillimum
    ARTICULO
    A los que claman por las evidencias científicas en homeopatía *
    Marcus Zulian Teixeira**
    https://elsimillimum.blogspot.com.es/

    1. Siempre me resulta chocante la relación que mantiene la homeopatía con la Ciencia. Me parece normal que Hahnemann, que la creó en 1796, se basara en el vitalismo, teoría científica que desmontó Alfred Wöhler en 1828. Pero que los homeópatas actuales sigan usando esa misma teoría que, como la del flogisto, la del calórico o la geocéntrica, puede resultar intuitiva y atractiva para los legos, pero que se ha demostrada absolutamente falsa y perniciosa, me parece una muestra clara de que la Ciencia les interesa solo como marchamo de calidad, pero que la ignoran a conciencia.

      De la misma manera, Hahnemann en 1796 podía hablar de ultradiluciones sin ningún problema. Y es que, aunque en 1661 Robert Boyle ya se refería a los átomos –sin mencionarlos– en su obra El Químico Escéptico, no fue hasta 1805, cuando John Dalton publicó su teoría atómica, que se aceptó la discontinuidad de la materia y la existencia de los átomos. Y hubo que esperar hasta 1865 para que Johann Josef Loschmidt encontrara el valor del número de Avogadro que permite determinar el número de átomos de cada elemento que hay en una determinada masa de una sustancia o, la dilución a la que se puede llegar antes de que desaparezcan dichos átomos. Sin embargo, los homeópatas siguieron usando ese concepto incluso a lo largo del siglo XX. Solo cuando la Ciencia comenzó a ocuparse de la homeopatía y demostró lo absurdo de sus principios se dedicaron a buscar una explicación ad hoc de la validez de sus remedios a pesar de no contener más moléculas que las de agua y excipiente. Y esa explicación es la memoria del agua.

      Y nuevamente vuelven a usar la Ciencia, y su método, a su antojo. Para que un experimento científico pueda ser considerado como aceptable ha de ser validado por científicos independientes. Y eso jamás ha ocurrido con las “pruebas científicas” que demostrarían la existencia de la memoria del agua. Ningún laboratorio independiente ha sido capaz de reproducir los resultados obtenidos por investigadores homeópatas. Esto, en lenguaje científico, se denomina sesgo del experimentador, En lenguaje coloquial, estafa.

      Hace unos días, un creyente en la homeopatía, me escribía el siguiente comentario: Si Don Abelardo Rigual farmaceutico y defensor de la homeopatia levantara la cabeza y viera en que se empecinan los fisico quimcos del Jorge Juan…miraria por encima de sus lentes y se volvería a morir.

      Aparte de las abundantes faltas de ortografía, me parece irrespetuoso y pretencioso. Por eso no le contesté. Pero es significativo el desprecio que el autor expresa por “los físico químicos” del Jorge Juan. En realidad, lo que siente es un rechazo a los argumentos de la Física y la Química –la Ciencia– en contra de la homeopatía. Pero, aparte de eso, no hay ningún motivo para pensar que don Abelardo Rigual, persona que siempre fue sensata y gran divulgador de la auténtica Ciencia, no hubiera cambiado de opinión ante la abundante argumentación en contra de la homeopatía.

      Pero ahora voy a ser yo igual de pretencioso y voy a afirmar que, si Hahnemann levantara la cabeza y estudiara las pruebas en contra de la homeopatía, él mismo se echaría atrás y la rechazaría. Lo bueno que tiene la Historia es que nos permite poner las cosas en su contexto. Cuando él elaboró su teoría no se conocían los hechos que ahora nos permiten afirmar que la homeopatía no tiene base científica alguna. Pero Hahnemann formuló los principios de la homeopatía en una época de oscurantismo en el campo de la medicina. Su teoría, en aquel momento, podría considerarse un intento de poner orden en lo que no era más que un conjunto de prácticas que tenían más que ver con la hechicería que con la auténtica Ciencia. De hecho, Hahnemann introdujo una de las prácticas que más vidas ha salvado en la Historia de la Medicina: la cuarentena. Por eso, sospecho que, si supiera lo que hoy sabemos, habría sido un excelente médico que se habría reído si alguien le hubiera expuesto los principios homeopáticos.

      Isaac Newton, de cuyo genio resulta difícil dudar, jugueteó con la alquimia en sus últimos años y elaboró una teoría sobre la naturaleza de la luz que resultó ser equivocada. Si todas las personas que usamos las leyes de Newton creyéramos en la alquimia solo porque él lo hizo o rechazáramos la naturaleza dual de la luz solo porque él dijo que la luz eran tan solo partículas, muy mal le iría a la Ciencia. Pues eso hacen los homeópatas. Lo que Hahnemann afirmó en 1796 podía tener sentido en 1796, pero dejó de tenerlo solo unos años después. Los homeópatas son los alquimistas de la actualidad. Pero pretenden decirnos que su creencia se basa en la Ciencia. ¡Inaudito!

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