La homeopatía no es lo que dice ser . Capítulo IV

El extraordinario y sorprendente caso de la dinamización energética

 

La homeopatía es una de las muchas terapias alternativas existentes. Algunas son tan originales como el Reiki, basada en la imposición de manos (sin que exista contacto físico con el paciente) para transmitirle una suerte de energía curativa que lo sanará, la orinoterapia, consistente en ingerir la propia orina como sistema para curar un amplio abanico de enfermedades o la cromoterapia que pretende curar enfermedades “iluminando” al paciente con luces de colores. Por ejemplo, si tiene usted déficit de lecucocitos, deberá aplicarse una luz violeta.

Pero no todas son tan pintorescas. La fitoterapia es una de las prácticas utilizadas por un mayor número de personas. Y si se tienen las precauciones adecuadas y el problema no es muy grave, puede resultar bastante útil. ¿En qué consiste? Pues en que si ha tenido usted una mala digestión puede hacerse una infusión de manzanilla. Si tiene usted alguna preocupación leve, pero que le impide dormir, puede probar con valeriana o alguna otra planta medicinal. Por supuesto, si tiene usted cáncer de estómago o un problema serio de ansiedad, no lo fíe todo a la manzanilla o la valeriana. Acuda a un especialista.

¿Por qué esta tolerancia hacia la fitoterapia y, en cambio, tanta beligerancia hacia la homeopatía? Déjeme que le explique.

Muchas personas creen que los productos químicos solo salen de los laboratorios y son, en general, dañinos para el ser humano. Quizá usted que está leyendo esto sonría ante una idea tan ingenua, pero sepa que en una encuesta realizada recientemente, un 80 % de los encuestados afirmó que jamás comería un alimento que contuviera genes. ¡Ya ve!

El caso es que cuando nos hacemos una infusión, sea de la planta que sea, estamos extrayendo productos químicos que después ingerimos. Estos productos pueden producir reacciones químicas en el cuerpo que mejoren nuestra salud. Solamente hay tres problemas. El primero es que la concentración en esos principios activos suele ser bastante baja. No homeopática, pero sí baja. Es muy posible que la dosis de principio activo que estamos consumiendo sea insuficiente. El segundo es que, normalmente, el principio activo es eficaz, pero no el más eficaz. Las moléculas diseñadas en laboratorio tienen una especificidad mucho mayor ya que han sido ideadas, precisamente, para tratar una dolencia concreta. El tercero, y más grave, es que las mismas personas que jamás comerían genes piensan que todo lo natural es bueno, olvidando que la cicuta, la amanita phaloides o el veneno de la araña del rincón son tan naturales como la Melissa officinalis (buena para relajarse) o la hierbabuena (buena para hacerse un “mojito”). No vale cualquier planta. Solo aquellas que hayan demostrado tener efectos beneficiosos para el organismo. No experimente. Deje que otros lo hagan por usted.

Vea que no estoy hablando de los problemas de la medicina convencional. ¿Por qué no existen? No. ¡Claro que existen! Sino porque no estoy hablando de eso como tampoco estoy hablando de los problemas de los mercados financieros. Con todo, lo que sí tengo claro es que, si tiene usted un problema de salud, yo le recomendaría que fuera a un médico (alopático). Y nuevamente estamos ante una afirmación de perogrullo, pero que últimamente parece más necesario que nunca recordar.

Pero, volvamos al tema. Las enfermedades se deben a fallos orgánicos que, normalmente, son fácilmente detectables porque dejan pruebas. ¿Se ha roto usted un hueso? ¿Tiene un pólipo en el colon? ¿Es alérgico a los ácaros del polvo? Hay pruebas clínicas que lo demostrarán. Su organismo comenzará a funcionar de una manera diferente y eso se notará.

El cuerpo humano, el de cualquier ser vivo, si a ello vamos, es una enorme factoría química en la que continuamente se están produciendo millones de procesos. Cuando todo funciona bien, esos procesos nos permiten hacer la digestión, obtener energía para caminar o hablar, transportar oxígeno y nutrientes a las células o mover la mano para acariciar el rostro de la persona amada.

Pero, en ocasiones, alguno de esos procesos químicos falla, por factores externos (agentes patógenos) o internos (envejecimiento celular, malformaciones, etc.) y se produce dolor, inflamación, fiebre o fallos en el funcionamiento de un órgano. Entonces, son necesarios productos químicos para recomponer el proceso. Esos productos químicos son los medicamentos o las plantas medicinales, por ejemplo. Pero las reacciones químicas que se producen en el cuerpo humano y que, por cualquier motivo, dejan de producirse, también pueden estimularse, activarse o acelerarse por el calor, la electricidad o, incluso, la luz. Tenga en cuenta que eso mismo sucede en un laboratorio químico con las reacciones endotérmicas, las electroquímicas o las fotoquímicas.

Y no hay más. De verdad. Química y Física como dijo el premio nobel español Severo Ochoa y repitió después Sabina. Aunque le duela a los que creen en energías mágicas, no somos más que Química y Física. Pero es que eso es mucho. Eso abarca desde el placer que se experimenta al comer un trozo de chocolate hasta el hormigueo en el estómago cuando nos enamoramos por primera vez (o por segunda, o tercera…). Desde la tristeza que nos invade al escuchar la Pavana para una infanta difunta de Maurice Ravel, hasta la sensación de pequeñez al contemplar un eclipse de sol.

El caso es que, descartada la acción de sustancias químicas en los remedios homeopáticos ¿qué queda? Permítame que reproduzca un texto de l’Institut Homeopàtic de Catalunya que lo explica:

(En la homeopatía) se parte de la aceptación de (…) ciertas innovaciones, como (…) la dinamización, según la cual, la especificidad de las propiedades crece, según lo plantea la física quántica, cuando se agita repetidamente el remedio, y al final de la sucución ese remedio, no tiene química alguna, es solo energía electromagnética.

Y, más adelante,

En Homeopatía no hay medicamento ponderable en lo que se llama “de alta potencia”. En el remedio Homeopático solo hay dinamismo remedial. La Homeopatía es esencialmente vitalista y se jacta de admitir, como uno de sus principios, que la enfermedad es el resultado de la perturbación del energía vital y se necesita para equilibrarlo nuevamente, de otra energía, condición absoluta para que se operen las neutralizaciones potenciales, vulgarmente llamadas curaciones. Los remedios Homeopáticos no actúan por su masa, sino por la energía o fuerza que contienen mediante la dinamización del remedio y con ella ejerce acción sobre la energía o fuerza vital estimulando la naturaleza del enfermo a efectuar la curación.

Y luego

La dinamización se define como el proceso por el cual se le proporciona a una solución, un mínimo de 100 agitaciones enérgicas por minuto. Cuando es trituración esta dinamización se realiza en un mortero. Cuando es dilución (medio líquido) esta dinamización se hace mecánicamente con un aparato llamado Dinamizador que garantiza un tiempo de dinamización y un número de sacudidas exactas y constantes.

Y…

La disminución de la concentración del remedio (tintura madre, TM) dentro de la materia prima cuesta trabajo (energía mecánica), la cual se almacena en el remedio y ayuda a curar la enfermedad.

¿Y para qué más?

Le reconozco que me da cierta pereza seguir. ¿La Física Cuántica? Aquí sí que cabe decir ¡Venga ya! Voy a limitarme a copiar un par de cosas:

Las explicaciones que he visto que dan de la homeopatía a través de la física cuántica no tienen, desde luego, nada que ver con la física cuántica que los físicos cuánticos hacemos.

 

Juan Ignacio Cirac (Director de la División Teórica del Instituto Max-Planck de Óptica Cuántica)

 

Si investigamos sobre el término “cuántico”, nos encontramos con gran multitud de aplicaciones, como dietas cuánticas, curación cuántica, homeopatía cuántica, elixires cuánticos, salud cuántica, medicina cuántica integral, energía cuántica… El abuso al que someten algunos al adjetivo cuántico es desmesurado y con fines publicitarios. La palabra cuántico suena a misteriosa, a ciencia, y la gente puede pensar que es algo fiable. Sin embargo, la mayoría de las cosas que se anuncian como cuánticas no tienen nada que ver con la física cuántica y los principios que la gobiernan. En algunos casos, esa relación se hace por desconocimiento y para hacer el producto más vendible.

 

Isabel Izquierdo-Barba, Departamento de Química Inorgánica y Bioinorgánica, Facultad de Farmacia, Universidad Complutense de Madrid

En fin, sigamos. “Al final solo queda energía electromagnética”. Supongo que lo que quiere decir el autor es que solo contiene energía interna que se manifiesta en forma de radiación electromagnética. El problema es que la radiación electromagnética es muy fácil de medir. Y les aseguro que un remedio homeopático no emite más radiación electromagnética que un recipiente idéntico lleno de agua. Radiación en la zona del infrarrojo en torno a los 10 micrómetros. Como cualquier otro cuerpo que esté a la misma temperatura. Incluidos usted y yo.

“Energía o fuerza vital”. Esto si que me da ya una pereza enorme. Supongo que se referirán a la misma energía que envía una madre a su hijo cuando este va a una entrevista de trabajo o a un examen sn haber estudiado. Algo así como la “mierda” que se le desea a los actores antes de una representación. En fin, los homeópatas tienen todo el derecho del mundo a creer en energías mágicas diferentes de las que contempla la Física. Pero entonces, por favor, que no lo llamen Ciencia porque no lo es.

Pero dejo para el final lo que más gracia me ha hecho. Resulta que al agitar el producto homeopático cien veces por dilución estamos realizando un trabajo que se almacena en forma de energía mecánica y eso cura. Pues tengo que decir una cosa. Si en lugar de comprar el producto en la farmacia de las esquina lo hacemos en la del pueblo de al lado y lo traemos en coche desde allí, aún hacemos más trabajo (fuerza por desplazamiento paralelos). Pero si calentamos el producto aún aumentamos más la energía de este. Si lo que dicen los homeópatas fuera cierto, bastaría con proporcionar a los enfermos un vaso de agua caliente, ponerle una lámpara de infrarrojos o bailar la danza de la lluvia a su alrededor. Eso sí, dando cien vueltas en cada sentido.

© Nacho Sendón. Alicante, 13 de agosto de 2017

3 Replies to “La homeopatía no es lo que dice ser . Capítulo IV

El extraordinario y sorprendente caso de la dinamización energética

  1. .

    Es tal la suprema ignorancia y necedad del tal Nacho Sendón por hablar sobre lo que no sabe, que no me merece la atención como para dedicarle un comentario detallado… y si tiene la honradez de publicar estas líneas, baste recordarle las palabras de aquel Ministro de Educación y Salud de Francia, François Guizot, en 1835 durante el tiempo en que los enemigos y detractores que querían que se le quitara el título de médico a Hahnemann por su doctrina homeopática:
    “Hahnemann es un sabio de gran mérito; la ciencia debe ser para todos. Si la Homeopatía es una quimera o un sistema sin valor propio, caerá por sí misma. Si es, al contrario, un progreso, se difundirá a pesar de todas nuestras persecuciones. La Academia debe apoyarla puesto que tiene la misión de hacer progresar la ciencia, de alentar los descubrimientos.“ La frase de este gran historiador y político francés, resume perfectamente el desarrollo de la Homeopatía
    a nivel mundial en la actualidad, pero para entender este desarrollo tenemos que conocer todos los eventos a los que ha sido sujeta incluyendo su historia, porque es un sistema médico complejo que merece una atención larga y profunda con mentalidad abierta y no la obtusa de la que parece hacer gala el autor de este blog.
    Atentamente
    Dr. Jorge Sánchez Morlett .
    Guadalajara, Jalisco México. Marzo 14 de 2018,

    .

    1. Hay dos cuestiones que se me plantean tras la lectura de este comentario. La primera es, “si mi necedad e ignorancia es tal que no merece la pena hacer un comentario más detallado ¿por qué perder el tiempo con uno tan superficial, poco argumentado y fácilmente rebatible? ¿No sería mejor darme simplemente por perdido? La segunda es más delicada: ¿Duda su autor de mi honradez como para creer que podría no publicar su comentario? ¿Le he dado algún motivo para ello?

      Pero, en fin, vayamos al comentario en sí. En el siglo IV AEC, Aristóteles afirmó que el Sol giraba alrededor de la Tierra impulsado por ángeles. ¿Era idiota Aristóteles? Es obvio que no, pero la Física ha avanzado un poquito desde entonces y hoy sabemos que ni gira alrededor de la Tierra, ni hay ángeles en los alrededores.

      Así es que no. No basta recordar las palabras de François Guizot en 1835. Desde ese año no ha parado de llover. ¡Y de descubrirse cosas! ¿De verdad piensa que lo que dijo un ministro francés sobre Hahnemann hace casi dos siglos supone, de algún modo, un argumento?

      Varios años más tarde, en 1904, Thomson, eminente físico que, entre otras cosas descubrió el electrón en el tubo de rayos catódicos y recibió el premio Nobel en 1906, propuso que el átomo es una esfera maciza cargada positivamente en la que los electrones se alojan como pasas en un pudín. ¿Es necesario creérselo porque lo dijo Thomson hace 114 años? Pues no, luego vinieron Rutherford, Bohr, Sommerfeld, Schrödinger… y dijeron cosas diferentes.

      Siempre he dicho que si Hahnemann hubiera nacido en estos tiempos, la homeopatía no existiría. No era un mal médico. Y tampoco un mal químico. Pero lo fue en una época en la que los médicos eran poco más que barberos y los químicos estaban empezando a abandonar la Alquimia. El tiempo pasaba muy despacio en aquellos años. Y los descubrimientos científicos tardaban décadas en alcanzar todos los puntos del planeta. Por ejemplo, la Ley de la Conservación de la Materia fue enunciada por Mijaíl Lomonósov en 1745, pero actualmente se la atribuimos a Antoine Lavoisier quien la volvió a proclamar en 1785, es decir, 40 años después. 40 años en los que uno no supo nada del trabajo del otro.

      Hoy en día consideramos que la Química Moderna (la que ya no es Alquimia) comienza en 1661 con la publicación de “El Químico Escéptico” de Robert Boyle. Pero, un siglo después no se había avanzado tanto relativamente como, por poner un ejemplo, en las cuatro décadas que van desde 1900 hasta 1940.

      De hecho, a finales del siglo XVIII, que es cuando Hahnemann enuncia los principios básicos de la homeopatía, John Dalton aún no ha presentado su teoría atómica (1803-1807). Amadeo Avogadro aún no ha expuesto su hipótesis que indica que volúmenes iguales de gases diferentes contienen el mimso número de partículas (1811).Pero, lo más importante, Johann Josef Loschmidt aún no ha encontrado el valor de lo que hoy llamamos Número de Avogadro, es decir, el número de entidades que hay en un mol (1865). Este valor no lo conocía ni el ilustre François Guizot, ministro francés de Salud y Educación.

      Y es este valor el que, como cualquiera con conocimientos básicos de Química sabe, desmonta la teoría homeopática. Porque nos enseña que en una dilución 12 CH o más “potente” (¡Me da la risa al escribirlo!) no hay ni un solo átomo del supuesto producto curativo. Seguramente, si Hahnemann hubiera nacido en 1900, habría sido un gran médico, un gran químico un gran jardinero, pero no habría fundado la homeopatía porque sabría que esta no tiene ni pies ni cabeza.

      Piénselo bien, Dr. Jorge Sánchez Morlett ¿una frase pronunciada en 1835 resume perfectamente el desarrollo de la homeopatía? Querrá usted decir el desarrollo de la homeopatía en esos años oscuros que van desde 1796 hasta 1835. Tampoco es que sea mucho.

      Porque la verdad es que, salvo por la tecnología usada para envasar los productos homeopáticos, la homeopatía no ha avanzado absolutamente nada. Sigue anclada en los mismos principios absurdos de los que el propio Hahnemann renegaría si hubiera nacido hace 50 años, y únicamente ha elaborado estrambóticas teorías (como la de “la memoria del agua”) para explicar lo inexplicable: El poder curativo del agua pura.

      Me falta usted al respeto al tratarme de necio e ignorante (necedad e ignorancia son las cualidades que adornan al necio e ignorante). Afirma que mi mentalidad es obtusa. ¿Necio? ¿Ignorante? ¿Obtuso? ¿Por qué? ¿Por argumentar? ¿Por tratar de aportar razones y no solo afirmaciones? ¿Por basar mis argumentos en los conocimientos científicos en lugar de en fabulaciones esotéricas?

      No haré yo lo mismo. Pero lo que no me parece de recibo es que le falte usted al respeto a los lectores de este blog, particularmente a mis alumnos, haciendo afirmaciones sin argumentos basadas en frases pronunciadas hace ciento ochenta y tres años. ¡183! Por favor, buen doctor, si Ignaz Philipp Semmelweis tenía solo 17 años en 1835… Si faltaban treinta años para que Louis Pasteur elaborara su teoría germinal de las enfermedades infecciosa que cualquier médico sensato consideraría hoy día indiscutible…

      ¿O quizá usted no?

    2. Una cosita más. A Samuel Hahnemann se le atribuye la siguiente frase: “No sé si estoy equivocado, pero parece que se pueden obtener más verdades importantes para la humanidad desde la Química que desde cualquier otra Ciencia”. Por eso decía yo que si Hahnemann hubiera nacido algunos años más tarde, la homeopatía no habría existido porque él aplicó lo que se sabía de Química en aquel momento. Si fuera coetáneo nuestro habría hecho lo mismo: usar los conocimientos de la Química y jamás habría planteado una idea que, en su momento podría parecer juiciosa, pero que en la actualidad resulta ser un disparate. Los homeópatas actuales, en cambio, no siguen sus enseñanzas e ignoran por completo lo que la Química dice. Y la Física, y la racionalidad, si a eso vamos.

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