La homeopatía no es lo que dice ser. Capítulo II

O el misterio de las ultradiluciones

Esta mañana he realizado una búsqueda en internet con los términos “Diferencias entre homeopatía y alopatía”. Me han aparecido 25 600 resultados. Para que no se me acuse de parcial, he escogido cinco entradas que… Bueno, si duda usted de mi imparcialidad, visítelas para conocer mejor mis fuentes. Así sabrá que no me he basado en esos malditos escépticos que ponen el grito en el cielo ante todo lo que no sea estritamente científico.

El caso es que las cinco dicen cosas muy parecidas, como no podría ser de otra manera. Los principios homeopáticos no son arcanos. Todos podemos saber en qué se basa la homeopatía, pero tengo la sensación de que ni todos lo sabemos, ni todos lo entendemos. De ahí esta serie de artículos. Lo que pretendo es explicar de la manera más sencilla posible cuáles son los fundamentos de esta terapia y por qué, desde mi punto de vista, dichos fundamentos no sostienen más que palabras huecas.

Sin embargo, siempre hay personas a las que les aburren los argumentos y los cálculos. Me parece bien. A mí me aburre la ópera china. Lo he intentado, de verdad, pero no consigo entenderla ni que me atraiga lo más mínimo. Lo que no haría nunca es meterme en una discusión sobre la calidad de tal o cuál tenor chino (¿existen tenores en la ópera china?). De ahí que cuando publiqué el cuerpo central de esta entrada en Facebook la precedió la siguiente nota aclaratoria previa:

Pre scriptum. Si llega usted hasta el final de esta entrada y no entiende nada, o si no es capaz de llegar hasta el final porque se aburre, por favor, no discuta con nadie sobre homeopatía. Le falta información básica.

Pero, comencemos por hacer un brevísimo resumen de esas diferencias entre homeopatía y alopatía.

  1. La homeopatía se basa en el principio de que lo semejante cura lo semejante. La alopatía en el de que lo contrario cura lo contrario. Y, de ahí viene el nombre que les dio Samuel Hahnemann cuando “inventó” la homeopatía a finales del siglo XVIII. Usó los términos griegos Homoios: semejante; alos: contrario, distinto y patos: sufrimiento.
  2. La homeopatía supone que la enfermedad es un desequilibrio energético. La alopatía entiende que la enfermedad es un fallo orgánico.
  3. Para la homeopatía no existen enfermedades, sino enfermos. La alopatía trata la enfermedad sin preocuparse de quién es el enfermo.
  4. La homeopatía trata al enfermos con remedios en dosis infinitesimales. La alopatía usa medicamentos en dosis bajas, pero finitas.

Comencemos por el final. Como digo, hace unos días publiqué en Facebook una entrada explicando porque lo de las dosis infinitesimales es un cuento chino (en este caso, más bien sajón). En Matemáticas una cantidad infinitesimal es aquella que se aproxima a 0 tanto como queramos, excepto que no puede valer 0. En Química no existen las cantidades infinitesimales. Ahora les explico por qué.

Soy químico. Ejerzo como profesor de Física y Química en el IES Jorge Juan de Alicante. Cada curso explico a mis alumnos que la materia, en contra de la opinión de Aristóteles, es discontinua.

 

Todos aceptamos la existencia del átomo, pero pocas veces nos paramos a pensar en lo que eso significa. Hay una partícula, la más pequeña posible, que conserva las propiedades de cada elemento. Esa partícula es el átomo. Por supuesto, hay partículas más pequeñas, algunas de ellas constituyentes del átomo, pero estas ya no tienen las propiedades del elemento químico.

 

Hagamos un experimento mental. Tomemos una porción de un elemento cualquiera, por ejemplo, hierro (Fe). Si lo partimos por la mitad, ambas porciones seguirán siendo Fe. Y si una de esas partes volvemos a dividirla por la mitad, seguiremos teniendo Fe. Sin embargo, este proceso no puede continuarse ad infinitum como suponía Aristóteles. Llega un momento en que llegamos a una porción que, aunque con estructura, es la más pequeña que continua siendo Fe. Si “partimos” esa porción ya no tendremos Fe, sino protones, electrones y neutrones. Indistinguibles de los de un átomo de oxígeno, sodio o manganeso. Habremos perdido el Fe. Pero es que, además, para “partir” ese átomo se implica una energía poderosísima: La energía nuclear.

 

Por otro lado, ya en 1865, Johann Josef Loschmidt encontró un valor que, por otros motivos, hoy en día denominamos constante (o número) de Avogadro. Es el número de partículas que hay en un mol. Un mol de Fe tiene, aproximadamente, 55,8 g de Fe. Y según el valor de la constante de Avogadro, aproximadamente 6·1023 átomos de Fe. Escrito de otro manera: 600 000 000 000 000 000 000 000 átomos de Fe.

 

Bien, supongamos que tomamos 55,8 mg de Fe (600 000 000 000 000 000 000 átomos de Fe) y lo disolvemos en 100 mL de una disolución de ácido clorhídrico (HCl). Dejando aparte el hecho de que ya no tendríamos Fe, sino un catión de Fe, si ahora cogiéramos 1 mL de esa disolución y la diluimos con agua hasta tener 100 mL de disolución (dilución homeopática 1 C) ya tendríamos “solo” 6 000 000 000 000 000 000 átomos (iones) de Fe. Si repetimos la operación de tomar 1 mL de esta disolución y diluirla con agua hasta 100 mL (dilución homeopática 2 C) tendríamos 60 000 000 000 000 000 iones de Fe.

 

Siguiendo de esta manera una dilución 3 C tendría 600 000 000 000 000 iones de Fe, una 4 C 6 000 000 000 000 iones de Fe, una 5 C 60 000 000 000, una 6 C 600 000 000, una 7 C 6 000 000, una 8 C 60 000, una 9 C 600, una 10 C 6 ¿y una 11 C?

 

Ya hemos dicho que los átomos no pueden dividirse sin dejar de ser el elemento del que formaban parte. De modo que en una dilución 11 C de iones Fe la probabilidad de encontrar un solo ion de Fe es de 0,06. En una 12 C solo habrá un ion de Fe cada 60 L de preparado. Y a usted, en la farmacia, le venderán frasquitos de unos pocos mL de producto homeopático. No resulta sencillo que encuentre un único átomo de Fe en el producto que le han vendido por un precio absolutamente irrazonable.

 

El oscillococcinum es un producto homeopático para la gripe. Tiene una dilución 200 C de hígado de pato. Se calcula que el Universo tiene 1080 (un 1 seguido de 80 ceros. No me lo haga escribir) átomos. Serían necesarios 10320 (1 y 320 ceros) Universos para albergar la cantidad suficiente de oscillococcinum que contuviera una sola molécula de hígado de pato con semejante dilución.

 

Todo esto es Ciencia Básica. No se necesita más para afirmar que la homeopatía es un fraude. Una consellera de sanidad de una comunidad autónoma como la valenciana, si ha estudiado el equivalente a 3º de ESO, está perfectamente capacitada para decir que la homeopatía no cura.

 

Me ha parecido oportuno reproducir aquí una parte de uno de los textos encontrados en las páginas que citaba al principio:

Existen diversos tipos de disolución: Diluciones: Decimales Hahnemanianas (DH, D, X, XH, 1/10), Diluciones Centesimales Hahnemanianas (CH, C, 1/100 y Diluciones Korsakovinas (CK). Cada una de estas disoluciones es preparada por un método específico. Las potencias bajas, entre la 6 y la 15 DH o CH, suelen utilizarse para tratar trastornos locales, agudos o muy superficiales; las potencias medias y altas, entre las 30 y 200 CH y las 1000 a 100 000 CH se utilizan en trastornos más importantes o de mayor profundidad.

 

En esta entrada hemos usado la unidad de Dilución Centesimal Hahnemaniana. Hemos explicado por qué en una dilución 11 C (o CH) es altamente improbable encontrar algo que no sea agua y a diluciones mayores es directamente imposible. Pero los homeópatas pretenden convencernos de que una dilución 15 C es de potencia baja y solo vale para curar estornudos. En cambio, si aumentamos la dilución y, por tanto, la potencia, podremos curar trastornos más graves.

¿Cómo podría ser esto posible? Pues según los homeópatas gracias a la Memoria del agua.

Pues bien, ese será el tema del siguiente capítulo de esta serie.

© Nacho Sendón. Alicante, 7 de agosto de 2017.

3 Replies to “La homeopatía no es lo que dice ser. Capítulo II

O el misterio de las ultradiluciones

    1. Una de las cosas que más me llama la atención de los “creyentes” en la homeopatía es que nunca se molestan en desmontar los argumentos de los que no creemos.

      La médico homeópata Nieves López escribe la carta del enlace que nos proporcionas en respuesta al artículo de Julio Casas Delgado publicado en el mismo medio unos días antes. Quien quiera puede leer dicho artículo en este otro enlace: http://www.periodicoclm.es/opinion/julio-casas-delgado/religion-otras-supercherias/20170731083627007224.html

      En su carta la médico homeópata se limita a tachar de inexactitudes las afirmaciones del articulista, pero no nos explica por qué lo son. No las rebate. El articulista ironiza sobre dos de los principios básicos de la homeopatía: “Si una ortiga te provoca una irritación, échate más ortiga. Eso sí, diluida tanto, pero tanto, tanto, que ya no quede ortiga”. ¿Es eso una inexactitud? Eso es, exactamente, lo que afirma la homeopatía. Y la homeópata no nos explica de qué manera podría eso curar a nadie.

      Se limita a decir que la homeopatía funciona. Pero ya sabemos que funciona. Esa no es la cuestión. La cuestión es cómo y por qué funciona. Y no hay ningún secreto al respecto. No es, ni más, ni menos que efecto placebo.

      Si un niño se cae y se hace un arañazo en la pierna, sus padres soplarán en la herida. Los niños no saben que los arañazos acaban por curarse y piensan que ese dolor les va a durar siempre, pero si sus padres les dicen que pasará, ellos se lo creen y dejan de llorar. Además, el frescor del aliento sobre la herida les calma. Para colmo, a los pocos días el arañazo se habrá curado solo. Exactamente así funciona la homeopatía. Lo malo es que los homeópatas cobran por lo que no es más que efecto placebo. Peor aún, algunos pueden llegar a creer que de verdad cura. Imagínese la siguiente escena. En una operación a corazón abierto un paciente comienza a perder sangre descontroladamente y entonces, el cirujano le grita a todos sus asistentes: “Rápido, pónganse todos a soplar sobre la herida”.

      Lo que también hace la médica homeópata es decirnos lo que ha estudiado (¡Mea Culpa! Yo también lo hice). Por si alguien está interesado, aquí les dejo algunos enlaces interesantes a estudios del mismo estilo de los que ella afirma tener:

      Máster en Gematría Astrológica: http://www.campus-astrologia.es/curso/master-en-gematria-astrologica/
      Máster en Astrología Transpersonal: https://escuelasermasyo.com/master-astrologia-transpersonal/
      Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo (¡Cuidado! Este está patrocinado por las Universidades de Valencia y Barcelona, por Catalunya Ràdio y por la Cadena Ser. Pero lo imparte la escuela de Astrología: Cosmograma) https://www.cosmograma.com/master-universidad-barcelona.php
      Curso de Quiromancia: http://www.topformacion.es/curso-quiromancia-la-lectura-de-la-mano-p22535.html
      Y aquí, un compendio: Aromaterapia, cromaterapia, cristaloterapia… y mi preferido, orinoterapia: http://terapiaholisticasalternativas.mex.tl/frameset.php?url=/

      Cuando la gente quiere creer, cree cualquier cosa, desde que la posición de las estrellas determina su destino, hasta que bebiendo la orina propia se puede curar el cáncer.

      Por desgracia, todo ello nos aparta de lo único que nos puede ayudar: La medicina. La auténtica. La que se basa en conocimientos científicos. Solo por afirmar que la homeopatía, como parte de la medicina, se apoya en la evidencia y experimentación científicas no es necesario creérselo. Para que el resultado de un experimento sea valorado como correcto, debe ser confrontado por científicos independientes. Si lo único que aporta la homeópata es la Homeopathy Basics Research Experiments mal vamos. Por cierto, les invito a que traten de buscar en Google “Homeopathy Basics Research Experiments”. Así, con comillas, es decir, la expresión exacta. Les voy a ahorrar la sorpresa. Solo les aparecerá un resultado: La carta de la médica homeópata Nieves López.

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